La magia empezó con el primer rayo de luz de ese jueves, dos de abril.
El auto del pajarraco comenzó a rodar y yo a cantarle al dios de la guitarra.
La ruta nos tragó y nosotros tragamos ansias.
El viaje se hizo largo, íbamos tranquilos con la sonrisa en los labios.
Recuerdo que llovía y sin embargo no importaba, queríamos llegar a destino después de meses de espera.
El paisaje era perfecto, iba por el mismo carril que el deseo.
Cuando al fin llegamos, ese mismo jueves, casi de noche, casi rompiendo los esquemas.
El día cuatro fuimos al banquete, la magia seguía con nosotros.
El hacedor de canciones salió al escenario y cantó para su público,cantó para ese cielo, cantó para mi
El antiguo vuelo a la felicidad, zarandeó los cuerpos y las mentes que despertaban con cada acorde.
Los corazones permanecieron y el parque se llenó de latidos.
Las emociones brincaron en cada nota que sonó.
La intensidad se apoderó de la noche y cuanta alma había allí.
La noche se transformó y por un largo tiempo la guitarra siguió latiendo en mi...
Al final, apareció la jungla, en cada árbol había un zombi y en sus caras una sonrisa de felicidad.
Los zombis y yo, con los cuerpos apaleados y el corazón plenos.
