Ya en la playa, decidió probar el agua, cuando vio que estaba deliciosa...se quedó...y se quedó tantas horas que los cachetitos le quedaron muy arrugados.
Al pasar delante de las bellas damitas...estas tuvieron que mirar hacia lo lejos para no reír del infortunado Saltamontes.
Saltamontes se tomó una siesta reparadora para después al atardecer seguir con su pavoneamiento. Al llegar a la playa...vio que el mar tendía su mano y le susurraba...ven...ven a mi y te acunaré entre mis olas tibias y Saltamontes fue...
Estuvo en el mar toda la noche jugando, haciendo toda clase de piruetas en el mar que dicho de paso estaba hermoso...muy hermoso.
Al amanecer...muy cansado volvió a su habitación. Al medio día, después de tomar un rico licuado de mangos, volvió a la playa y decidido se estiró en la arena mostrando su particular cachete al sol...que furioso al ver tanta desverguenza al aire... lo castigó duro...muy duro y el resultado fue...cachetes al rojo vivo.







