lunes, 5 de septiembre de 2011

El día en que el Saltamontes no vino...









Saltamontes tenía una importante cita con su quehacer diario, según me contaron...cuando venía por la calle de las tipas en flor...tuvo un percance nada habitual. Fue aquella mariposita que sin previo aviso se cruzó frente a sus ojos y él...inmediatamente quedó paralizado...de miedo...era tanta la belleza de Mariposilla.
Saltamontes siempre hacía las cosas con la razón pero esta vez se le esquivó y no supo reaccionar.
Las hormonas alborotadas, hicieron su cometido y...
Cuando se dio cuenta, ya no había remedio posible que lo cure del maleficio de amor casual que había contraído. Ahora llora su descuido y lamenta haber caído en las alas de Mariposilla.
Si bien llora por los rincones como garrapatas sin perro...a mi no me da pena...ni siquiera un poco...mucho menos un poquito...allá él y sus hormonas traidoras...
Claro que a mi los celos no me van ni me vienen...pero esta vez me encontraron mal parada y me sambullí en el río de las penas de amor por un rato y después de un instante...zas...se escubulleron y allá partieron.
Me dicen los sonidos del viento que no pasa nada...que fue un desliz muy natural en los Saltamontes azules...que confíe mas en los marrones, pero yo solo quiero a mi Saltamontes azul.
Me dicen las voces del invierno...que no solo hay un Saltamontes azul...hay otros en otras cajas de cristal...pero yo solo quiero a mi Saltamontes azul...mi pequeño Saltamontes azul.





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Cuerditas...